La novela: A tu nombre señor
la presentó Felipe Guerrero
acompañarlo fue un honor
Panchillo es el mero, mero
Armando Zamora Canizalez
Hoy estuve en el restaurante Los Osuna, donde se presentó A tu nombre, Señor, el libro de mi amigo, el periodista Felipe Guerrero Bojórquez. La presentación estuvo a cargo de Manuel Rochín.
Siempre que nace un libro, nace una emoción
Hay alumbramientos que no ocurren en los hospitales. Algunos suceden sobre un escritorio, entre desvelos, hojas corregidas y palabras que se resisten a encontrar su lugar. Hasta que un día la criatura tiene nombre, portada y empieza a caminar entre las manos de sus lectores.
Siempre que nace un libro, nace una emoción.
Eso me provoca tener entre las manos A tu nombre, Señor, de Felipe Guerrero Bojórquez. Porque detrás de un libro hay alguien que decidió poner sus inquietudes frente a los demás y exponerse al juicio más impredecible: el de quien abre sus páginas.
Pero no todas las emociones son apacibles. Hay libros que acarician y otros que sacuden. Por lo que anticipan su contraportada y las páginas de su prólogo, esta novela viene a tocar una puerta incómoda: la conciencia de un hombre que pretende encontrar justificaciones sagradas para sus crímenes.
Francisco Beltrán Félix, “El Panchillo”, es el personaje alrededor del cual se entrelazan violencia, poder y fe. Un sicario que, según su propia lógica, puede convertir el asesinato en una misión y buscar absolución en los mismos argumentos con los que explica su crueldad.
Ahí asoma una pregunta que rebasa la ficción: ¿hasta dónde puede llegar un ser humano cuando se convence de que su maldad es una forma de hacer el bien?
Porque la conciencia también puede hacerse trampas. Y cuando alguien se concede el derecho de decidir quién merece vivir, cualquier pretendida superioridad moral se convierte en una amenaza.
Para quienes vivimos en Sinaloa, esa inquietud toca fibras sensibles. Nos urge recuperar el valor de cada vida, resistir la costumbre del horror y evitar que las víctimas terminen reducidas a un número o al comentario fugaz de una sobremesa.
La literatura puede ayudarnos a mirar donde duele. A detenernos. A formular preguntas que el ruido cotidiano deja pendientes.
Celebro que Felipe Guerrero Bojórquez entregue esta obra a sus lectores. Escribir exige disciplina, pero publicar exige además el valor de soltar lo escrito y permitir que otros lo discutan, lo cuestionen y lo hagan suyo.
Un libro comienza en la intimidad del autor y encuentra otra vida en la conciencia del lector.
Bienvenido, A tu nombre, Señor. Porque siempre que nace un libro, nace una emoción… y ojalá también una conciencia que despierte.
Nos vemos mañana… pero recuerda el 2027 nos llama!
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