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lunes, 17 agosto, 2026

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Chispazo/ ENTRE AMLO, TRUMP Y LA PRESION SOCIAL


Felipe Guerrero Bojórquez.

México está atrapado en un triángulo que nadie había previsto: la mano entrometida de López Obrador, la amenaza intervencionista de Donald Trump y una nación que empieza a perder el miedo. Y en medio, tratando de sostener un edificio que se le cae por todos lados, está Claudia Sheinbaum, radicalizada y con una agenda marcada por la inconformidad de diversos sectores.

Lo que hoy vive el país no es herencia “neoliberal”, como ella repite en automático; es la herencia maldita de seis años de abrazos, ceguera voluntaria y administración del crimen organizado. Es la factura de haber caminado sobre un discurso que disfrazó la realidad que hoy empieza a estallar.

Porque mientras AMLO se pavoneaba hablando de “humanismo”, los cárteles crecieron, se diversificaron, se incrustaron y ahora controlan territorios completos. Y ese deterioro —que él negó hasta el cansancio— le dio a Trump la excusa perfecta: declarar terroristas a los cárteles y amenazar con intervenir.
¿Y qué hace Sheinbaum?
Repite la palabra “soberanía” como si todavía significara algo. Y habla de un «injerencismo» que atribuye a una «derecha» abstracta. Cuando le conviene, la oposición no llena un vocho, pero luego le atribuye el poder de estar atrás de movilizaciones nacionales, como la de los productores y trasportistas.

Los mismos que gritaban “traidores a la patria” cada vez que alguien hablaba de cooperación con Estados Unidos, hoy gobiernan tan mal que todo mundo sabe que EU mete presión para obligar a la 4T a enfrentar a los criminales. Y están cooperando. La misma presidente lo dice. Pero a medias, revira EU.

Sheinbaum no sólo enfrenta la sombra de Trump: enfrenta la de su propio mentor.
Una red de operadores —Adán Augusto, Monreal, Durazo, Rocha, Américo, Nahle, Sansores— que responden al viejo mando obradorista y que la frenan en silencio.
El “gabinete paralelo” que AMLO dejó para vigilarla está más vivo que nunca. Y mientras eso ocurre arriba, abajo está explotando el país: productores tomando carreteras, transportistas cerrando aduanas, ciudadanos cansados de la extorsión, maestros indignados, comerciantes quebrados…

Y sobre todo, los jóvenes de la Generación Z, perseguidos y encarcelados, la chispa que encendió el asesinato de Carlos Manzo en Uruapan y que hoy representa la ruptura más clara con la narrativa de la 4T.

Ante todo esto, Sheinbaum ha elegido el peor camino: la cerrazón a cualquier diálogo; la
Investigación de las redes sociales de sus «enemigos»; el hostigamiento a jóvenes, amenazas desde el atril, y ese tono autoritario que intenta compensar su falta de carisma y de control.

México está presenciando algo inédito:
la narrativa del obradorismo se agotó,
la presidenta perdió el control de la agenda y el micrófono. El expresidente no quiere soltar los hilos del poder. Trump poco a poco hace un lado el discurso meloso y la sociedad mexicana se resiste ahora a tragarse el cuento presidencial. Las cifras, la estadística, lo dichos desde la mañanera, no se parecen a la realidad que padecen millones de mexicanos.

Un país descontrolado, con presión de dos frentes y con un liderazgo atrapado en el reflejo de su propio mentor.
El relato ya no gobierna y la realidad está cobrando su factura… Y esta vez no hay mañanera que alcance para encubrirla.

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