Felipe Guerrero Bojórquez
El rechazo es una herida emocional que no acepta al otro y que niega el reconocimiento mutuo. Por eso la invitación que la gobernadora Graciela Domínguez hizo a los colectivos de búsqueda más que unir dividió. Unos si aceptaron, pero la mayoría no.
Sí, fueron quince colectivos de búsqueda de Sinaloa los que decidieron no acudir a la reunión convocada por la gobernadora Graciela Domínguez.
Es cierto, no rechazaron a la gobernadora ni cerraron la puerta al encuentro. Lo que rechazaron fue seguir dialogando bajo las mismas condiciones y con funcionarias en quienes aseguran haber perdido la confianza. Si, también la confianza desaparece.
El documento que suscriben es durísimo porque no habla desde la política, sino desde el dolor y la experiencia. Y es duro porque denuncia la insensibilidad de funcionarias guiadas bajo un modelo burocrático inoperante, centralizado y partidista. En la 4T el «humanismo» es solo un cliché ideológico.
En su denuncia, los colectivos señalan deficiencias graves en el acompañamiento institucional, falta de seguridad durante las jornadas de búsqueda, ausencia de respuestas oportunas, trato desigual y actuaciones que, aseguran, han terminado por revictimizarlas.
Y lo resumen en una frase contundente. Diríase que demoledora: “La confianza está completamente quebrantada.”
Por eso solicitan a la gobernadora la destitución de Karina Elizabeth Márquez Calderón, titular de la Comisión Estatal de Búsqueda, y Nora Patricia Figueroa Sauceda, subsecretaria de Derechos Humanos.
No es una exigencia cualquiera.
Estamos hablando de familias que durante años han salido a buscar con palas, picos y varillas lo que el gobierno con policías, fiscalías y estructuras para operar, no encuentran. Y no encuentran por una sencilla razón: porque no buscan. Y es que, hay que decirlo también, Sinaloa es uno de los estados con el más bajo presupuesto para tareas policíacas y ministeriales. Se puede entender a los investigadores, pero no a los funcionarios de otros niveles de gobierno que se comprometen, no cumplen y por lo tanto usan el engaño de manera frecuente. De ahí la indignación de los colectivos.
Pero la negativa a reunirse , al mismo tiempo, trae consigo un verdadero desafío para la gobernadora Graciela Domínguez.
Su gobierno heredó funcionarios, instituciones y también una enorme deuda de credibilidad. Si pretende abrir una etapa diferente, tendrá que demostrarlo precisamente donde más duele. No basta cambiar al ocupante del despacho principal si abajo permanecen intactas las prácticas que provocaron el desencanto.
Hace apenas dos días, cientos de ciudadanos marcharon en Culiacán contra la violencia y la incapacidad gubernamental. Ahora, las familias buscadoras envían otro mensaje desde un frente todavía más doloroso. Un frente a cuyas integrantes las carcome la ansiedad y la incertidumbre; la rabia, la impotencia y la indignación frente al engaño burocrático.
La marcha ciudadana y la exigencia de los colectivos tienen un punto de encuentro: la sociedad comienza a cansarse no solamente de la inseguridad, sino de respuestas oficiales que ya no le generan confianza.
Las buscadoras cerraron su comunicado con una frase formidable: “Nuestra ausencia también es un mensaje.”
Si la ausencia de las víctimas manda un mensaje, la respuesta del gobierno debe mandar otro, así sea el silencio.
Dos funcionarias con problemas heredados no deberían ser obstáculo.
Pero la señora gobernadora tiene la palabra.
Chispazo/La confianza también está desaparecida
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