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miércoles, 16 septiembre, 2026

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Palabra de Sinaloa/El otro Grito de México

A

  Retumba el grito de Dolores 
  celebramos la Independencia 
  entre tantos cuetes y fulgores 
  CSP no salga con una ocurrencia

 Armando Zamora Canizalez

EL OTRO GRITO DE MÉXICO

Esta noche, cuando el reloj se acerque a las once, volverán a sonar las campanas. Desde Palacio Nacional, los palacios de gobierno y las plazas públicas escucharemos los nombres de quienes iniciaron la lucha por nuestra Independencia:
—¡Viva Hidalgo!
—¡Viva Morelos!
—¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!
—¡Viva la Independencia Nacional!
—¡Viva México!
Las banderas ondearán. Habrá música, fuegos artificiales, antojitos mexicanos y miles de voces celebrando una historia que comenzó hace 216 años. Pero mientras México grita de alegría una noche, miles de mexicanos gritan de miedo todos los días. Esa es la dolorosa contradicción de nuestro tiempo.
UN GRITO QUE SE ADELANTÓ
La historia cuenta que el levantamiento insurgente estaba planeado para los primeros días de octubre de 1810. Sin embargo, la conspiración fue descubierta y Josefa Ortiz de Domínguez logró enviar la advertencia. Miguel Hidalgo comprendió que ya no había tiempo para esperar.
Durante la madrugada del 16 de septiembre reunió al pueblo de Dolores, Guanajuato. Tocaron la campana, convocaron a la población y comenzó una lucha que cambiaría para siempre el destino de la nación.
Curiosamente, no existe una versión exacta y comprobada de las palabras pronunciadas por Hidalgo. El famoso “Grito de Dolores” que repetimos actualmente es una ceremonia construida con el paso de los años.
Otra anécdota interesante es que la conmemoración comenzó antes de que México consumara su Independencia. En 1812, Ignacio López Rayón recordó aquel levantamiento en Huichapan. Con el tiempo, la ceremonia pasó a celebrarse durante la noche del día 15, aunque el llamado original ocurrió en la madrugada del 16.
La campana que hoy vemos sobre el balcón central de Palacio Nacional fue trasladada desde Dolores en 1896, durante el gobierno de Porfirio Díaz. La campana dejó de pertenecer solamente a una parroquia. Se convirtió en símbolo de libertad.
EL GRITO QUE NADIE QUIERE ESCUCHAR
Pero en el México de nuestros días existen otros gritos. Son los gritos de las madres que buscan a sus hijos desaparecidos; de las familias que reciben una llamada de extorsión; de quienes quedan atrapados en una balacera; de los comerciantes obligados a cerrar; de los niños que se tiran al piso cuando escuchan disparos y de quienes salen de su casa sin saber si regresarán.
También existen los gritos silenciosos: el de la madre que espera una llamada que nunca llega; el del padre que recorre hospitales, cárceles, fiscalías y servicios forenses buscando a su hijo; el del campesino que abandona su comunidad; el del empresario que baja la cortina; el del joven que deja de salir por miedo y el de la familia que escucha una motocicleta acercarse y apaga las luces.
Esos gritos no tienen banda de guerra. No llevan mariachi. No iluminan el cielo. Pero estremecen todos los días a México y, particularmente, a Sinaloa.4
DOS AÑOS GRITANDO POR PAZ
Sinaloa acaba de cumplir dos años de una violencia que parece no encontrar final. Dos años de asesinatos, desapariciones, secuestros, enfrentamientos, desplazamientos, vehículos robados, negocios cerrados y familias destruidas.
La confrontación iniciada en septiembre de 2024 ha dejado miles de víctimas y ha cambiado la vida cotidiana de nuestro estado. Mientras en los informes oficiales se presume que todo está bajo control, en las calles la realidad grita lo contrario.
¿Qué independencia puede celebrar una familia que no puede salir tranquilamente de su casa? ¿Qué libertad tiene un comerciante obligado a pagar una cuota? ¿Qué soberanía existe cuando grupos criminales deciden quién circula, quién trabaja, quién abre su negocio y quién debe abandonar su comunidad?
No basta con ser independientes de una potencia extranjera. También necesitamos ser independientes del miedo, de la impunidad, de la corrupción y del crimen que pretende gobernar territorios, economías y conciencias.
LA CAMPANA DE NUESTRO TIEMPO
El pasado domingo, miles de sinaloenses marchamos en Culiacán para exigir la paz que merecemos. Desde Mazatlán salimos todavía de madrugada. No fuimos a “hacer acto de presencia”. Fuimos a recuperar las calles que la violencia nos ha querido arrebatar.
​Aquella marcha también fue un Grito: un Grito ciudadano, un Grito sin armas y un Grito de esperanza.
​La campana de nuestro tiempo ya no está solamente en Dolores ni en Palacio Nacional. Está en cada madre buscadora, en cada familia que exige justicia, en cada periodista que no se calla y en cada ciudadano que vence el miedo y sale a defender la paz.
​Hidalgo llamó al pueblo porque comprendió que la libertad no sería concedida desde el poder. Tendría que ser conquistada por los ciudadanos.
​Hoy debemos comprender algo semejante: la paz tampoco llegará como regalo de los gobiernos. Tendremos que exigirla, construirla y defenderla todos los días.
​NO QUEREMOS OTRO GRITO
​Esta noche gritaremos: ¡Viva México! Pero mañana debemos seguir preguntando: ¿Viva cuál México? ¿El México de los discursos o el México de las familias? ¿El México de las ceremonias o el México de las víctimas? ¿El México de los fuegos artificiales o el México iluminado por las ráfagas de las armas?
​Que nadie confunda patriotismo con guardar silencio. Amar a México también significa denunciar aquello que lo destruye. Amar a Sinaloa significa no acostumbrarnos a contar muertos, desaparecidos y desplazados como si fueran simples estadísticas.
​Nuestro grito debe convertirse en organización, participación y exigencia permanente. Debe escucharse en las colonias, las sindicaturas, las escuelas, las plazas, los cafés y, llegado el momento, también en las urnas.
​Porque una ciudadanía organizada puede ser más poderosa que cualquier grupo criminal y más fuerte que cualquier gobierno indiferente.
​Esta noche, cuando suene la campana, recordemos a quienes lucharon por darnos patria. Pero guardemos también un momento de silencio por quienes ya no están. Y después levantemos la voz por quienes todavía pueden ser salvados.
​Que el “¡Viva México!” no sirva para ocultar el “¡Auxilio!” de las víctimas. Que el Grito de Independencia se convierta también en nuestro Grito por la Paz.
¡Viva México!
¡Viva Sinaloa!
¡Vivan las familias que no se rinden!
¡Viva la ciudadanía organizada!
¡Y que viva, por fin, un Sinaloa libre del miedo!
​Porque Sinaloa merece Paz. Y para conseguirla debemos decidirnos todos.
​Sinaloa Decide… ¿y tú ya estás decidido?

Nos vemos mañana… pero recuerda: el 2027 nos llama!

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