Por Rodrigo de Triana
El «muerto» goza de buena salud.
Menuda sorpresa se llevaron los seguidores y detractores del exalcalde Édgar González Zataráin con su reaparición en la gira de promoción que realizó ayer sábado la senadora con licencia Imelda Castro por los rumbos de la Isla de la Piedra.
Con esto, quedó claro que no funcionó la campaña negra pagada para vender la percepción de que a González Zataráin ya debíamos verlo como un “cadáver político”. Y es que, con la incorporación de última hora del empresario inmobiliario y diputado local, Carlos Escobar Sánchez, a la campaña de promoción de la senadora —quien busca la Coordinación de la Defensa de la 4T en Sinaloa—, se nos vendió la idea de que veríamos el desplazamiento y sepultura del polémico rosarense. Pues nada: resulta que González Zataráin reapareció vivito, coleando, sonriente y muy pegado a la puntera.
Así que suerte chamacos en l´otra

Hagan fila.
Los fans de Carlos Escobar ya dan por hecho que este «arrepegón» de último momento a la senadora le va a garantizar la candidatura a la alcaldía de Mazatlán por Morena, pero la realidad es que va a tener que hacer cola.
Si cree que la tiene fácil, se le olvida que en la pasarela, antes que él, también vienen pujando fuerte Juan Carlos Patrón, “El Menny” Guerrero Verdugo, Olegaria Carrasco Macías y hasta la diputada federal Graciela Domínguez, quien busca premio de consolación si las cosas no le favorecen en la interna contra Imelda Castro.
Las aguas andan bravas en el puerto y la fila para el reparto está más larga que la del banco en día de pago a los jubilados.

Fuego cavernicola en el puerto.
Con la novedad de que la regidora morenista Claudia Gabriela Luna Fernández se le fue a la yugular, vía queja electoral, al ciudadano Luis Torres Torres, quien es nada más ni nada menos que el hermano de su compañera de bancada y de partido, la también regidora Fabiola Torres Torres.
Pues hete aquí que el Tribunal Electoral del Estado de Sinaloa (TEESIN), con lo que resolvió, no solo nos regaló un episodio digno de comedia surrealista, sino que dejó al descubierto las fracturas guindas.
Un clásico caso de pleito interno donde los periodicazos y los gritos desde gayola terminaron en los tribunales.
Pero agárrese bien, porque el resolutivo viene siendo una especie de semáforo del insulto autorizado para inmediato uso, sin riesgo de ser reconvenido por esta máxima autoridad electoral. Gracias al sacrificio de Luis, el pueblo ya sabe qué palabrotas proferir y cuáles no para descargar su muy merecida animadversión contra alguno o alguna servidora pública.
Sí, está leyendo bien, porque lo que verdaderamente se robó los reflectores de la sesión del TEESIN donde se ventiló el caso de Luna Fernández vs. Torres Torres no fue el choque en la acera de Morena, sino la cátedra de «buenas costumbres» que se aventaron los magistrados.
En su intento por separar la crítica política de la violencia de género, el Tribunal terminó redactando el Manual de Carreño para el político sinaloense moderno. Resulta que para los magistrados, en Sinaloa el debate es «fuerte, cáustico y estridente», por lo que ldieron luz verde a ciertas palabritas que, a partir de hoy, son consideradas bendita «libertad de expresión».

Lo que sí pasa el filtro.
Si usted anda con ganas de gritonearle a un funcionario en la próxima sesión de Cabildo, tome nota. Según el TEESIN, usted puede llamarle a un regidor «aviador», «marioneta», «bufón» e, increíblemente, «narcoregidora» o «narcopolítica». Sí, leyó bien. Para el Tribunal, vincular a una funcionaria pública con el crimen organizado no es violencia de género, sino una crítica áspera pero válida dentro del caldeado debate público.
Cosas de nuestro folclor estatal, donde acusar de nexos con el cártel es menos grave que un insulto de primaria.
La piel fina.
Sin embargo, la línea roja que no se debe cruzar, según el nuevo evangelio del TEESIN, es la de las capacidades intelectuales y los modales.
Luis Torres Torres se salvó de la infracción por los señalamientos de «narcopolítica», pero se resbaló feo cuando usó palabras como «vulgar», «corriente», «no sabe leer» y el imperdonable «tontilla». Ahí sí, la guillotina de la violencia política en razón de género, en su modalidad simbólica, cayó con todo su peso sobre el hermano de la edil, a quien se le acreditó violencia política de género.
Moraleja: en la política mazatleca puedes ser de todo, menos «tontilla» o «tontillo», según sea el género. El diminutivo, al parecer, agrava la pena.



