CHOIX, SINALOA.– El calor de julio en el norte de Sinaloa no solo se siente en el termómetro; se respira en el ambiente político. Enclavado en las estribaciones de la sierra, el municipio de Choix se convirtió este domingo en el escenario idóneo para el arranque de la vertiginosa pasarela interna de Morena. Ahí, con el polvo del camino a cuestas y la urgencia de un calendario que no da tregua, Imelda Castro Castro escenificó el primer acto de su nueva apuesta: coordinar la defensa de la Cuarta Transformación en el estado.
El evento, denominado formalmente como Asamblea en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, tuvo la liturgia propia del oficialismo, pero con el sello particular de la senadora con licencia. No hubo rodeos institucionales; la consigna fue directa, pragmática y con rima incluida para asegurar la memoria colectiva: “Si a tu puerta toca la encuesta, ustedes digan que Imelda Castro es la respuesta”.
La nostalgia; recuerdos que no se borran
Para entender la narrativa de Castro en Choix, hay que mirar tres décadas hacia atrás. La morenista no es una recién llegada a estas tierras de arroyos y caminos sinuosos. Con colmillo político, apeló a la memoria histórica para conectar con las bases más duras, aquellas que recuerdan cuando la izquierda sinaloense era una causa marginal y no la fuerza gobernante.

Evocó con respeto la figura de Manuel Vázquez, aquel hombre humilde de las filas del Partido Comunista que sembró las primeras ideas de cambio en la región. Con este paralelismo, Imelda no solo buscó legitimidad, sino recordarles a los presentes que su nombre ya figuraba en las boletas imaginarias de la sierra mucho antes de que el chaleco guinda se convirtiera en el uniforme del poder.
La política de la tierra y el bienestar
Sin embargo, en la crónica de la política real, las ideas del pasado se sostienen con los presupuestos del presente. Consciente de que Choix es un bastión donde los programas sociales alivian la dura realidad de la sequía y el aislamiento, la legisladora basó su discurso en el recordatorio de los logros tangibles: becas, pensiones y, de manera muy particular, el programa Sembrando Vida.
Castro se adjudicó la autoría de haber sido una de las principales promotoras de esta estrategia agrícola en el Senado, invitando directamente a técnicos y productores locales a empadronarse.
«Debemos de trabajar todos los días para que la gente nos quiera, para que la gente nos apoye», soltó la aspirante frente a la concurrencia, en una declaración que resume a la perfección el arte de la construcción del voto territorial: el afecto político se siembra con programas y se cosecha con encuestas.
Un reloj de arena que termina en agosto
La estampa final de la jornada reflejó la realidad del proceso. Imelda Castro, portando con propiedad el chaleco del movimiento, advirtió a los suyos que esta es una carrera de fondo pero a máxima velocidad. «Nada más va durar un mes esta etapa», advirtió, fijando la mirada en el mes de agosto, la fecha fatal donde las casas encuestadoras dictarán el veredicto.
La comitiva partió de Choix dejando tras de sí la promesa de un regreso triunfal a finales de verano para «dar las gracias». Mientras tanto, en las comunidades de la sierra, la consigna quedó sembrada, a la espera de ver si el algoritmo interno de Morena valida la larga trayectoria de la senadora o si el guión de la sucesión sinaloense depara otra sorpresa.



